IOTA

Con la llegada del bitcoin y las criptomonedas en general, el mundo empezó a darse cuenta de que era inaudito el hecho de que la banca siguiera rigiéndose mediante una forma de trabajar tan arcaica que, de hecho, tenía unas cuantas décadas quedándose obsoleto. Los gastos y tarifas en los pagos internacionales o transfronterizos siempre habían constituido un problema, un gasto administrativo que parecía sencillamente inevitable.

A medida que los criptoactivos como el bitcoin y el resto de criptodivisas empezaron a establecerse y a ganar más fuerza, adeptos y entusiastas, todo un mundo de posibilidades se presentó ante los desarrolladores. Usando los principios de la tecnología blockchain y la contabilidad distribuida sería posible desarrollar un sistema para que prácticamente cualquier cosa, bien o servicio funcione a partir de una cadena de bloques como la que utilizan las criptomonedas.

IOTA

Sin embargo, con esta inmensa cantidad de posibles aplicaciones también llegaron una cantidad igualmente inmensa (y hasta quizás más grande) de problemas e inconvenientes que tendrían que irse solventando en el camino, inconvenientes a los que nadie se había enfrentado antes. Y en un ecosistema donde todo es “inmutable”, el margen para cometer errores se vuelve muy pequeño y aún más peligroso.

Con la llegada de Ethereum y su sistema de contratos inteligentes, por ejemplo, se hizo evidente que podría utilizarse en un futuro dicho ecosistema (la red de ethereum) para controlar prácticamente todo, teniendo en cuenta los progresivos avances del IoT (Internet de las cosas, por sus siglas en ingles).

El IoT es, básicamente, aquella tecnología que cada vez está más presente en todos los dispositivos electrónicos como televisores, lavadores y todo tipo de electrodomésticos. El Internet de las cosas conecta un dispositivo a internet con muchos motivos diferentes, pero al surgimiento del blockchain le precedió la idea de que si cualquier cosa con una conexión a internet podía conectarse a una cadena de bloques, no sería descabellado pensar que todo dispositivo, y no sólo un ordenador, podrían conectarse a la red para obtener un beneficio que no tendría que ser necesariamente monetario.

Esto suena muy bien, pero inmediatamente la escalabilidad del sistema se convierte en un problema, debido a que la red se vería intensamente comprometida debido a la gran cantidad de dispositivos conectados, realizando transacciones y generando gastos computacionales a dicha red.

Ese fue el punto de partida para la creación de la criptomoneda IOTA.

Índice

    Qué es IOTA

    IOTA es una criptomoneda que se presenta a sí misma como una red “para máquinas”, y el ecosistema entero está desarrollado bajo esta premisa y enfocada a resolver el problema de escalabilidad de la red del que hablábamos hace un momento.

    Además de la enfocarse en la escalabilidad de las cadenas de bloque que existían, el desarrollo de IOTA tuvo siempre en consideración un dato muy interesante: Se estima que dentro de una década existan más de 30 mil millones de dispositivos conectados a internet, de los cuáles sólo un porcentaje cercano a la tercera parte de estos dispositivos serían dispositivos móviles u ordenadores. Y todo esto sería posible gracias al Internet de las Cosas o IoT.

    Imaginemos por un momento que la cerradura de una casa está conectada a internet. Más específicamente, imaginemos que hay un contrato inteligente en la red codificado para verificar la recepción de un pago mensual en una cuenta, a cambio de que esa llave sea capaz de abrir la puerta. En el caso de que el pago no sea realizado, la cerradura, conectada al contrato inteligente mediante el IoT, se cerraría ante esa llave en particular, impidiendo el acceso del deudor a la casa.

    El ejemplo anterior corresponde a una aplicación muy práctica que podría volverse normal en el futuro con el avance de las cadenas de bloque y el IoT. Y no decimos “en un futuro” a la ligera, ya que hoy en día el principal problema es que los dispositivos que trabajan con IoT presentan brechas de seguridad críticas a las que, debido a que no es una tecnología totalmente adoptada por los fabricantes (al menos por el momento), no se les ha buscado (ni puesto mucho esfuerzo en la tarea) una solución.

    Además de eso y como lo comentamos en un principio, la “inmutabilidad” de las cadenas de bloque y la forma general en la que trabajan volverían un poco complicada la integración de miles de millones de dispositivos por el simple hecho de que la red se saturaría de operaciones. A esto es a lo que nos referimos con “problemas de escalabilidad”.

    Una cadena de bloques suele utilizar mineros, que no son más que usuarios que se encargan de verificar y ordenar las transacciones que se realizan en dicha red. Gracias a esto, los mineros reciben una recompensa directamente proporcional a los recursos que invirtieron y al éxito que tuvieron, tomando en cuenta algunos otros factores como la dificultad de la red.

    Imaginemos ahora que hay miles de millones de nodos nuevos en la red enviando y recibiendo información, nodos que se van agregando y multiplicando tan rápido como son adquiridos todo tipo de dispositivos o utensilios que funcionen con IoT.

    La carga de las transacciones superaría con creces la capacidad de cualquier blockchain casi de inmediato, sobretodo tomando en cuenta el hecho de que aunque el crecimiento sería exponencial en términos de “usuarios de la red”, no tendría por qué ser necesariamente de la misma forma si al aumento de mineros nos referimos. De hecho, la forma en la que evolucionan algunos proyectos de criptomonedas muy bien consolidadas como el bitcoin o el ethereum (sobre todo esta, con el cambio de PoW a PoS que planean introducir) nos invitan a pensar que el minado de criptomonedas, al menos de las que conocemos hoy en día, será cada vez menos rentable.

    Siguiendo este orden de ideas, los desarrolladores de IOTA han previsto este problema y, con bastante razón, se han dedicado a desarrollar una red especialmente diseñada para ser escalable. Es decir, a medida que aumentan el número de usuarios conectados a la red también aumentará, obligatoriamente y sin ningún tipo de excepción, la capacidad de procesamiento de la red.

    ¿Cómo es posible esto? Quizás lo más oportuno sea empezar diciendo que IOTA no funciona con una arquitectura como la del bitcoin o el ethereum porque, en primer lugar, IOTA es una criptomoneda no minable, lo cual significa que no hay manera de “ganarla” como recompensa. De hecho, IOTA no funciona utilizando una típica cadena de bloques o blockchain, sino que introduce un nuevo concepto de red escalable, descentralizada e interconectada llamada The Tangle.

    Qué es The Tangle

    The Tangle es una especie de libro de cuentas similar a la cadena de bloques utilizada por bitcoin u otras criptomonedas, y su similitud se acaba en el hecho de que es un registro público que cualquiera puede consultar en cualquier momento, ya que en la práctica, The Tangle no puede definirse como una cadena de bloques.

    En un blockchain tradicional hay dos partes del ecosistema. La primera parte la componen los usuarios que envían y reciben información, en donde a su vez los mismos nodos (usuarios) son los que se encargan de verificar y organizar las transacciones que se realicen a partir del consenso de la red: Si la mayoría lo aprueba, se hace; si la mayoría lo rechaza, la transacción no tiene lugar.

    La segunda parte son los mineros, que toman un bloque de transacciones aprobadas y empiezan a “validarlo” y, mediante operaciones muy complejas, enlazarlo a los bloques anteriores. En teoría, todo este proceso consume una cantidad de recursos bastante grande, razón por la que la red arroja una recompensa a los mineros como “paga” por los servicios.

    En la arquitectura de IOTA, The Tangle no separa ni el consenso ni la validación de las operaciones, sino que las vuelve una parte intrínseca del sistema, lo cual le permite tener una red descentralizada, autorregulada y con un funcionamiento más directo.

    Entonces, ¿Cómo se verifican las transacciones? The Tangle no desperdicia los recursos de todos los usuarios conectados mientras los obliga a realizar complicados cálculos para verificar un “bloque de operaciones”, sino que deja que cada nodo (usuario) que desee realizar una operación en la red se vea en la obligación de “verificar” dos transacciones más antes poder realizar la suya.

    Una vez que el usuario hace lo pertinente y verifica las dos transacciones que se le han asignado (todo de manera automática, por supuesto), The Tangle aprobará su transacción, transacción que a su vez será asignada a otro nodo que esté intentando realizar una operación. El resultado es un entramado de operaciones públicas e interconectadas en donde cada nodo cumple también el papel de “verificador”.

    Técnicamente hablando, el almacenar los datos en forma de cadena de bloques los vuelve mucho más pesados, sin mencionar que el proceso de validación de los bloques consume una cantidad increíble de recursos, tantos que de hecho se calcula que, por ejemplo, la red de Ethereum consume tanta electricidad como un país del tamaño de Tailandia.

    A The Tangle podemos imaginárnoslo como un complejo entramado de “nodos”, una especie de telaraña en donde cada nodo o “centro” recibe dos transacciones (dos puntos de entrada) no verificadas como tarea por cada transacción (punto de salida) que desee añadir. La ventaja de que el consejo sea un proceso intrínseco de la red es que cada nodo aporta, bajo este esquema, el doble de recursos de los que consume de la red.

    El resultado: Transacciones gratuitas. Y cuando decimos “gratuitas” no nos referimos a que el costo de las transacciones sea tan bajo que no representa ni en lo más mínimo un gasto o molestia. Las transacciones en IOTA carecen de todo costo, por lo que de utilizar la red para enviar cualquier token o criptoactivo (IOTA, en este caso), el destinario recibirá exactamente la cantidad enviada, y ni una sola mil millonésima menos.

    Historia de IOTA

    Creada por David Sonstebo, Sergey Ivancheglo (Quien fue el primero en implementar la Prueba de Participación o Proof-Of-Stake), Dominik Schiener y el Dr. Serguei Popov en el año 2015, la intención en un principio fue dedicarse al desarrollo de una nueva serie de microprocesadores que facilitaran y permitieran la implementación del IoT de formas nunca antes vistas.

    Sin embargo, debido a la precariedad en cuanto a lo que seguridad se refiere en este tipo de dispositivos, y previendo lo complicado que sería llevarle el ritmo a los errores de seguridad que pudieran ir surgiendo en largo e interminable proceso de un desarrollo tecnológico de tal envergadura, pronto se dieron cuenta de que sería necesario el desarrollo de una red segura en donde la “economía entre máquinas” fuera posible.

    Como ya hemos comentado antes, IOTA es una criptomoneda no minable, lo que significa que no hay forma de ganarla como recompensa. Dicho esto, durante la ICO de IOTA se generó un confianza sin precedentes en el equipo de desarrollo de esta tecnología debido a que estos no se quedaron ni con una sola unidad en el reparto inicial.

    El número de monedas puestas en circulación es de 2.779.530.283.277.761 IOTAS, número que será totalmente invariable en el tiempo y no podrá ni aumentar ni disminuir. Puede que parezca un número inusualmente grande para la circulación de una criptomoneda, y en algunos términos es así. Pero lo curioso es que, en el caso de IOTA, es necesario que exista tal cantidad de tokens, sobretodo tomando en cuenta las mayores ambiciones del proyecto.

    Proyecto detras de IOTA

    Lo que pretende IOTA es mucho más que una red interconectada para máquinas. Si desde hace un tiempo el término “Internet de las Cosas” empieza a hacerse el lugar que muy seguramente ocupará en primer plano en un futuro, con el nacimiento de IOTA se ha empezado a formular otro concepto igualmente interesante: La Economía de las Cosas.

    Lo que pretenden los desarrolladores de IOTA es crear una red en donde podamos convertir cualquier cosa que tenga un chip integrado en un nodo que podemos conectar a la red. Mediante esto sería posible que, al mismo tiempo, podamos convertir cualquier de esos dispositivos en el centro de un “servicio” que podemos prestar. Todo esto en tiempo real y en cualquier parte del mundo.

    Asumamos, por ejemplo, que llegamos a una estación de servicio y llenamos nuestro tanque de gasolina. Sería posible, teóricamente hablando y suponiendo que ambos estén conectados a la red IOTA, que entre nuestro auto y la estación de servicio el intercambio ocurra de forma automática, sin que nosotros tengamos que preocuparnos por nada.

    Y es que a través de IOTA podríamos compartir la potencia de computación de cualquier dispositivo que integre un chip y use la tecnología del IoT en tiempo real y en cualquier parte del mundo, utilizando nuestros dispositivos de una manera más inteligente, sencilla y aprovechable.

    Además de esto, el proyecto IOTA integra otras novedades bastante interesantes. En primer lugar hay que decir que las micro-transacciones tendrían lugar en un ecosistema en donde no hay ninguna tarifa por realizar transacciones, cosa que no resulta posible si trabajáramos con los costos de redes como la del bitcoin o la red Ethereum.

    Las micro-transacciones abrirían un abanico de oportunidades inmenso para todo tipo de empresas, desarrolladores y prestadores de servicios, una vez claro que el hándicap resultante de las altas comisiones, propias de otros ecosistema, ya no esté presente.

    Pero no todo gira en torno al dinero. Otro de los puntos fuertes de IOTA es que mediante The Tangle podemos enviar todo tipo de información y datos a través de canales seguros y totalmente inmunes, contando con una garantía de extremo a extremo. De hecho, la red cuenta con algo llamado mensajería enmascarada (NAM), cualidad que nos permite intercambiar datos entre nodos de una manera encriptada y autenticada.

    Esto significa que cualquier dispositivo puede transmitir todo tipo de información a uno o más destinarios sin ninguna posibilidad de ser rastreados. La mensajería enmascarada o NAM también nos permitiría crear un canal en donde varios nodos (usuarios) acreditados serían capaces de compartir información entre ellos, y sin la posibilidad de que ningún nodo no autorizado haga “escucha” de la conversación o transmisión de datos.

    El concepto de The Tangle es tan basto que, una vez que el IoT rija la mayor parte de los dispositivos electrónicos existentes, sería posible incluso alquilar el poder de cálculo de nuestro ordenador a otro usuario al otro lado del mundo. Quizás no resulte una novedad si tomamos en cuenta otras tecnologías, pero si consideramos que esto es extrapolable a todo lo que podamos imaginar, como coches, herramientas o cualquier aparato electrónico, se hace evidente la gran utilidad que esta tecnología representa.

    En resumen, IOTA y The Tangle permiten que todo tipo de dispositivo pueda intercambiar cantidades exactas de recursos bajo demanda y, mientras tanto, almacenar todo tipo de datos e indicadores de forma segura, inmutable y verificable.

    Wallets para IOTA

    La mejor wallet para IOTA es la misma que podemos obtener en la página web del proyecto y que recibe el nombre de IOTA WALLET. Este monedero IOTA es un software muy sencillo que nos dará una dirección a la que enviar nuestras IOTAS y, de igual manera, nos dará una seed o semilla de hasta 81 caracteres que debemos guardar y mantener segura. Si nuestro ordenador llegara a dañarse, la seed nos permitiría recuperar todas las iotas que tengamos guardadas. Por la misma razón, está de más mencionar que no debemos compartir la seed con nadie.

    Exchangers para IOTA

    IOTA utiliza una tecnología ternaria, por lo que hace que su ecosistema sea un poco más “difícil” de sobrellevar en un mundo en donde toda la tecnología de contabilidad distribuida está construida bajo un sistema binario.

    Bitfinex: Una de las plataformas para comprar IOTA más populares. Si bien no podemos utilizar transferencias bancarias o tarjetas de débito para comprarlas directamente, es posible adquirir bitcoins y posteriormente convertirlos a IOTA. Siendo justos, también hay que mencionar que para realizar retiros debemos repetir la operación en sentido contrario, por lo que no nos sería posible retirar directamente nuestra IOTA a nuestro monedero.

    Binance: Para el caso de IOTA, Binance es mi opción favorita. Aunque al igual que en el caso anterior no podemos retirar a nuestra wallet IOTA directamente todo el crédito que  tengamos, Binance es uno de los mejores exchangers de criptomonedas de la actualidad, y cuenta con la estabilidad y el apoyo de una comunidad de usuarios gigantesca. Además, Binance cuenta con una cantidad muy atractiva de criptomonedas y tokens con los cuales podemos negociar.

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